Destinada a ti

Destinada a tiES

DiegoAlmary  Completo
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Resumen
Índice

La ingenua Ana Avendaño creció en el orfanato más grande de la ciudad, en medio de una vida llena de dificultades logra terminar su sueño y graduarse, pero cuando el afamado y sexy periodista Eduardo Tcherassi la contrata por un periodo de prueba en el periódico In Premier, tendrá que competir contra Álvaro Soler, un compañero que le hará la vida imposible. Intentar sobrevivir a los desafíos del trabajo mientras compite por la atención de su jefe la llevarán a un camino desenfrenado y el amor no tardará en tocar la puerta, pero ¿Qué hará cuando no sepa realmente de cuál de los dos está enamorada? Una tragedia del pasado los conecta a los tres. El destino la había puesto en ese camino, la había puesto ahí para él. ¿Será capaz de discernir el verdadero amor? Bueno, si sobreviven…

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1. El jefe y la competencia.
— Mi nombre es Ana Avendaño, tengo veinte años y hace unos meses terminé mi carrera de comunicación social, nací en y crecí acá en la ciudad y sé que puedo dar lo mejor de mí para que este periódico sea la mejor versión de sí mismo — repetía una y otra vez tratando de memorizar cada línea. Nunca había estado tan cerca de poder conseguir el trabajo de sus sueños, y no podía permitir que los nervios la traicionaran, no en ese momento.Observó a las demás personas que competirían por el puesto y se sintió mucho más asustada. In Premiere era el periódico digital más leído en el mundo, era confiable, veraz, dispuesto a todo por informar a la sociedad y sacrificado de ser necesario; Su fundador y actual presidente, Eduardo Tcherassi, había ganado un Pulitzer junto a su hermana por descubrir y exhibir el tráfico de personas que tenía el programa CERBERO de los laboratorios Jábico, y Ana había fantaseado infinidad de veces con trabajar para ellos, incluso ganar uno ella también, por eso se ha
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2. Gánatelo.
Ana se levantó temprano esa mañana, se duchó con el agua fría de su departamento y preparó el desayuno para ella y su hermana Luisa que se arreglaba para ir a la escuela.—Puedo hablar con Elisa valencia para que entres al periódico sin necesidad de competir —le dijo ella y Ana se rio mientras peinaba su cabello oscuro frente al espejo.—No digas tonterías, Luisa — solo te tomaste una foto con ella hace meses, ¿Crees que te hará caso? —su hermana asintió.—Gracias a que teníamos la primicia de su embarazo por esa foto comimos varios meses, ¿recuerdas? Ella misma me autorizó publicarla, es muy amable.—No lo dudo —le dijo Ana sentándose frente a ella —pero no podrás encontrarla así no más, es una mujer con millones de seguidores y esposa de uno de los hombres más ricos del mundo, mejor deja así, yo puedo hacerlo sola —su hermana frunció el ceño.—No es justo, te mereces ese puesto—Puede ser, pero es algo, pensé que ni había quedado. Hay que agradecer, aunque sea el periodo de prueba —
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3. Una oportunidad.
Ana llegó esa mañana de lunes más temprano de lo normal, tan temprano que el único que había en el edificio era el vigilante que le sonrió en cuanto la vio. Trapeó, llevó la ropa sucia y la trajo de nuevo limpia, la ordenó, respondió los comentarios con ímpetu y cuando terminó apenas era medio día.Llegó a la cafetería con paso decidido y, después de preguntar a la secretaria de Eduardo cómo le gustaba el café, le llevó un vaso grande, muy frio y dulce. Cuando asomó por las puertas del ascensor Álvaro estaba saliendo de la oficina del hombre y en cuanto la vio le sonrió, pero Ana no le devolvió la sonrisa, pasó de largo junto a él casi sin prestarle atención.—Vengo a traerle este café —le dijo a la secretaria que apenas la miró y asintió con la cabeza, pero antes de que Ana abriera la puerta se volvió hacia ella —lamento lo del viernes, no debí gritarte —la muchacha levantó la cabeza y le sonrió.—Tranquila, no importa, ya estoy acostumbrada —Ana quiso decirle algo, no estaba bien qu
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4. El Orfanato.
Ana sabía perfectamente a donde debía ir y en qué momento, no en vano había pasado la mayor parte de su vida en aquel frio y solitario lugar.Llegó hasta la esquina del parque y se recostó disimulada mente en la cerca de madera que separaba el orfanato de la calle, y movió la tabla suelta por donde se escapaban las muchachas en las noches.En escalofrío le llenó la espalda, llevaba dos años sin entrar ahí, y el aura tétrica del lugar permanecía intacta. Corrió hasta la ventana de su vieja habitación. Si tenía suerte, las muchachas deberían de estar en ese momento en el almacén como de costumbre, así que cuando abrió el pestillo desde afuera y abrió la ventana la habitación estaba en la total penumbra. Ana entró con el corazón bombeándole contra el pecho, muchos recuerdos negativos se acumularon dentro de su cabeza.Corrió por el corredor muy pegada a la pared hasta que llegó a la pequeña ventana a nivel del suelo desde donde se podía ver hacia adentro y asomó la cabeza disimuladamente
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5. Enorme metida de pata.
Había llegado muy temprano ese día, y para antes del mediodía ya tenía hechos todos sus quehaceres y estaba atorada frente al computador buscando qué era lo que había hecho Álvaro Soler en el periódico EL Colombiano para que aquella persona lo tachara de mentiroso y amarillista, pero no lograba encontrar nada relacionado.A su celular le llegó un mensaje de texto donde la encargada de los recursos humanos la llamaba para firmar el contrato que la acreditaría oficialmente como periodista del periódico, y se puso de pie contenta y casi que flotó hasta la oficina de la mujer, pero la sonrisa se le borró cuando lo primero que vio al abrir la puerta fue la arrogante cara de Álvaro.—Lean atentamente antes de firmar, cualquier duda que tengan me comentan —Ana tomó su contrato y comenzó a leer detalladamente, era el primer contrato que firmaría en su vida y le habían dicho que debía leer bien antes de firmar.Cuando llegó a la parte del sueldo se mordió el labio, tenía la esperanza de que po
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6. Disculpas y horror.
Eduardo se dejó caer en la silla con fuerza, ni siquiera se había dado cuenta que se había puesto de pie, pero esa muchacha tenía una habilidad especial para sacarlo de quicio, cosa que era realmente complicado. Alexandra se sentó en la silla frente a él que segundos antes había ocupado Ana.—Fuiste muy duro con ella —le dijo y él le abrió los ojos.—¿Justificas lo que hizo? —preguntó y su hermana negó con vehemencia.—Claro que no, pero se arrepintió de lo que estaba haciendo antes de que lo dijera —Eduardo se recostó pesadamente apretándose el puente de la nariz —ella ya no quería mostrar nada pero tú la obligaste —continuó la mujer y luego pateó la silla de Álvaro que permanecía en silencio —Y tú lo emporaste todo burlándote de ella. Ella tiene razón, ¿Cómo crees que se siente al ver que la única opción de entrar de lleno a este periódico es competir contra alguien que tiene tantos privilegios?—¿Insinúas que estoy haciendo las cosas mal? —le preguntó Eduardo y ella asintió.—Lo es
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7. Presión.
Ana sintió como su cuerpo se entumeció de inmediato, tan fuerte y con tanta violencia que los miembros se le quedaron paralizados. El grito que salió de ella le hirió la garganta y se quedó ahí parada por una fracción de segundo observando el cuerpo de su hermana que parecía estar inerte.—Luisa —preguntó en un susurro y vio como el cuerpo de la muchacha se movió un poco, y solo eso le bastó para que todos los músculos del cuerpo se encendieran como atravesados por una corriente eléctrica que la lanzaron de rodillas al suelo junto a ella —Luisa —le dijo y la muchacha apenas se movió, así que Ana saltó y encendió la luz, la sangre del suelo era de un color muy oscuro y cuando Ana puso la palma de la mano sobre el líquido notó que no era sangre, y cuando lo olió comprobó que no era más que jugo de mora. La mitad del alma regresó al cuerpo de Elisa, la jarra había rodado unos metros más allá y ella se arrodilló de nuevo frente a su hermana sacando el celular del bolsillo y llamando a una
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8. La subasta.
Ana había intentado esa noche dormir lo que más hubiera podido, pero entre estar despertándose para comprobar el estado de su hermana y los nervios por lo que pasaría al día siguiente no pudo pegar el ojo ni por un segundo, así que cuando se levantó en la mañana para ir a trabajar tenía las ojeras diez veces más grandes que el día anterior. Tardó varios minutos en el espejo dejarse medianamente decente.—Te vez horrible —le dijo su hermana desde la cama y Ana dejó escapar el aliento —si no fuera por ese maquillaje asustarías a alguien en la calle —se burló y Ana le lanzó un trapo que le dio justo en la cara.—No olvides que aunque estés en cama puedes hacer tus deberes de la escuela —le recostó y la muchacha ladeó la cabeza con fastidio.—¿Ni muriendo puedo dejar de estudiar? —Ana puso el cuaderno sobre el regazo de la muchacha.—No, ni muerta —cuando salió de casa una llovizna insistente golpeaba la ciudad y tuvo que protegerse el rostro con el paraguas para evitar que el agua le qui
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9. Lo siento, Ana.
Las rodillas le temblaron, así que se agarró a las telas con fuerza con la mirada fija en el hombre que la miraba desde abajo. —¿Alguien ofrece trecientos cincuenta mil? —preguntó la mujer a través del micrófono y el hombre gordo levantó el cartel. —¡Quinientos mil! —gritó de nuevo Eduardo Tcherassi y toda la audiencia levantó un murmullo generalizado. El hombre gordo miró una última vez a Ana y luego meneó la mano en el aire. —¡Vendida al hombre de traje! —gritó emocionada la mujer ante el micrófono, debía estar que mataba de la emoción, ella se quedaba con el treinta por ciento de todas las ganancias de sus mujeres y por lo que había oído ella sería la venta más cara que habían hecho. Un grupo de mujeres salieron bailando al escenario y tomaron a Ana metiéndola en medio de un baile coreografiado, pero ella solo se dejó llevar como un alma en pena sin fuerza y voluntad. —¡Qué suerte tienes!—le decía una compañera —nunca había visto un hombre tan sexi, está divino —Ana no contestó
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10. Cara a cara.
Ana se miró en el espejo esa mañana y se sintió terriblemente mal, como si un enorme camión le hubiera pasado por encima del cuerpo.Ya había pasado el fin de semana, cosa que agradeció, quería postergar el encuentro cos Luis Eduardo lo más que fuera posible pero ya era la mañana del lunes y no podía hacer más al respecto que enfrentar la situación. Eran dos adultos maduros que tenían que resolverlo como adultos, solo había sido un poco de sexo, y aunque las circunstancias hubieran sido muy diferentes a una noche de sexo normal, no debían verlo más allá de eso, o al menos eso era lo que pensaba Ana.Esa noche no había llorado mucho, no como estaba acostumbrada, pero sí lo suficiente para quitarse de encima todo el estrés y al otro día no parecía como un mapache por las ojeras que usualmente le aparecían después del llanto, así que para el lunes se encontraba físicamente bien, pero no podía dejar de sentir ese peso y el dolor en el cuerpo que le causaba el estrés.—Pareciera que vas a
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