44. Trampa y perdón.
Eduardo bajó a la cocina unos cuarenta minutos después extrañado, llevaba mucho esperando y cuando la encontró sentada en la mesa de la cocina mirando las luces de la ciudad supo que algo estaba mal al ver el terrible semblante que tenía la mujer.
—Ana —le dijo y ella dio un respingo —te esperé, ¿todo está bien? — rodeó la mesa para mirarla de frente y cuando le vio los ojos enrojecidos e hinchados se sentó frente a ella.
Ana no quería mirarlo a la cara ¿cómo sería capaz de decirle que ella era