Mundo de ficçãoIniciar sessãoEsta es la primera parte de la historia de Nathan y sus peculiares ocurrencias, es un chico que cursa su Noveno año en la escuela católica divino niño y qué ansía disfrutar a su modo, los últimos años que le quedan en esta. Es una obra divertida, juvenil y romántica que hace énfasis en las vivencias de los adolescentes en un ámbito tan importante como es la escuela. Nathan es un chico promedio con una grandísima autoestima, logra convertirse en alguien conocido por todos, pero no por algo sano sino algo que saca de quicio a cualquiera y con este logro consigue uno que lo atormenta y que nunca logra sacárselo de la cabeza, este tiene nombre y apellido propio.
Ler maisNuevamente sus ojitos negros estaban abiertos esperando ver a su padre, mas esta vez pudo observar a una mujer de cabello rojo y de lentes a la cual reconocía muy vagamente, lamentablemente, aunque ella fuera su madre, jamás le había sido muy cercana por lo que no le reconoció del todo. Sintió como esa mujer le tomaba en brazos con poca delicadeza, no como el pelinegro que recordaba, si no que esta era algo más brusca y por, sobre todo, la mueca de sonrisa que traía en su rostro era bastante falsa.
—Hola mi Gabriel –hablo con sarcástica ternura la morena quien tenía al pequeño de tan solo seis meses en sus brazos mirándole con suma inocencia.
—Pa… pa –balbuceo apenas el pequeño quien miro apenas al resto del cuarto buscando aquellos ojos negros que el ya reconocía y quería demasiado.
—No Gabriel, no veras a tu padre hoy… ni nunca más… —expreso la morena con una sonrisa maliciosa agarrando una pequeña mochila y saliendo del cuarto del bebe con él en brazos.
Ya era tarde, el sol comenzaba a ponerse, y era la hora en que él siempre llegaba a su casa. Podría ser un día como cualquiera, pero para el no, ese día era precisamente cuando su pequeñito de ojos tan negros como los suyos cumplía exactamente seis meses. Entro en su casa como cualquier día, solo que esta vez venia con una bola en sus manos donde traía un pequeño regalo envuelto por el mes sexto que su hijo cumplía, ese regalo era muy especial, un pequeño balón de futbol mediado, ya se hacía ilusiones de que cuando aprendiera a patear llevarlo a jugar con él y un balón.
—Señor… qué bueno que llego… lo lamento señor… ¡lo lamento mucho! –Expreso algo alterada la mujer que el mismo había contratado al pararse frente a él con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué ocurrió? –le pregunto enseguida al ver lo alterada que aquella mujer estaba, algo malo pasaba y temía lo peor, lo sentía, algo en su mente se lo decía.
—Llego la señora Susan y me amenazo con despedirme si no la dejaba ver al pequeño Gabriel, luego salió con él y una mochila, después de eso ya no he vuelto a saber de ella ni de Gabriel –explico llorando la mujer mientras se tapaba los ojos con mucha culpa y preocupación.
—Gabriel… —susurro ido el pelinegro sin poder asimilar completamente la situación.
Dejo caer automáticamente aquel pequeño regalo envuelto al suelo, el shock era mucho. Antes de siquiera poder asimilarlo su estómago se apretó y sus ojos comenzaron a arder. Sabía que si Susan se había llevado a su pequeño nada bueno podía pasar, le aterraban las opciones y a cada momento pasaba una peor por su mente. El llanto de su empleada y los zapatos de tacón de alguien caminando a sus espaldas le hicieron volver a mundo de un momento a otro.
Su cabello rojo le hizo enfurecer, su mirada maliciosamente juguetona le miraba como si fuese un ignorante, su rabia crecía a casa instante por el tan solo hecho de verla allí parada y saber que ella tenía a su hijo en su poder.
—Hola amorcito –saludo de forma coqueta y juguetona la de lentes haciendo uso de su mejor cara de ignorancia.
—¡¿Qué m****a hiciste Susan?! –pregunto colérico el Maxwell, debía controlarse, ella sabía dónde estaba su pequeño bebe y no podía hacer algo de lo que luego se arrepintiera.
—Solo salí con mi hijo, ¿es tan malo?, yo pensé que tú querías que pasara más tiempo con el –expreso de forma burlesca la mujer arreglándose sus lentes evitando la colérica mirada de su esposo.
—¡¿Dónde está Gabriel?! ¡¿Qué le hiciste?! –Pregunto a punto de explotar el Maxwell al momento de que agarro uno de los brazos de la morena con brusquedad, mas esta no soltó ni un quejido, solo le miraba de forma burlesca.
—Como tú quisiste arruinarme la vida, solo te quite algo que te importaba. Gracias por el divorcio, voy a perder todo, el dinero, la vida lujosa y sí, como has investigado, los amantes. Entonces tú, también tienes que perder algo, por ejemplo, la causa del todo, el maldito hijo –hablo sonriendo de medio lado con crueldad la morena soltándose del agarre del azabache que al momento que ella termino de hablar el palideció totalmente contrastando su rostro con la oscuridad de sus ojos.
—No… no me digas que lo… —prefirió dejar inconclusa la frase o mejor dicho, no pudo terminarla ya que su estómago se apretó aún más de pensar en aquella aterradora posibilidad—
—Claro que no, no le hice daño, iría presa y eso me privaría de hacer todo lo que quiera, así que lo di en adopción, como su madre, tenía el derecho de hacerlo –dijo como si hablara de un tema cotidiano aquella mujer de cabello rojo sonriendo complacida de medio lado.
—Adopción…— susurro completamente ido aquel azabache, quería desfallecer, quedar inconsciente y despertar para saber que fue un mal sueño, quería escuchar mal o que le diera un ataque y morirse en ese mismo instante, pero no deseaba por ningún motivo que aquel momento que estaba viviendo fuese real.
—Ahora si Frank, no tendremos que separarnos, todo podrá volver a ser diversión y amor como antes –expreso sonriente aquella mujer como si sus problemas hubieran desaparecido para siempre, pero su rostro cambio no solo de expresión, sino que de dirección al sentir el golpe de una bofetada en la mejilla.
—Vete de aquí… —susurro apretando los dientes y conteniendo su ira el azabache, de verdad iba a explotar, no resistiría mucho más apretando los puños, pero sabía que si hacia algo todo se iría a la basura y no habría marcha atrás.
—No prepares cena hoy tengo asuntos urgentes que atender –expreso frio el azabache apretando los puños y los dientes sin siquiera mirar a su empleada. — tranquilo mi niño… te encontrare, es una promesa, no dejare que esa m*****a zorra se salga con la suya —pensaba e ideaba el azabache mientras caminaba hasta la salida de su mansión a toda velocidad, tomaría medidas inmediatas.
Aunque lamentablemente, los efectos no lo serian…
FinAl día siguiente me desperté como nunca, estaba inmensamente feliz. Había estado con Mía, fui su primera vez… pero como no todo puede ser bueno, era sábado y ese lunes entrabamos a clases. Volvimos a casa, pero antes dejamos a Mía en la suya, sentí algo extraño. Por un lado, estaba feliz, pero por el otro estaba preocupado, presentía que sucedería algo muy malo, pero traté de no darle importancia. Todos en mi casa estaban bien al igual que yo así que no pensé más en eso.El lunes entramos a clase, Mickey y los chicos me esperaron en la entrada. Fue genial verlos después de dos meses.Adriana, la novia de Martín, nos invitó a una fiesta que daría el viernes en su casa, todos iban a estar ahí y nosotros no íbamos a faltar. Santiago estaba enfermo y no pudo ir, Mickey indignado nos dijo en la entrada
Me subí en el auto y ahí si lloré con ganas, necesitaba desahogarme. Conduje a casa muy lento, no quería llegar, no quería hacer nada. Mía acabó con mis ganas de vivir. Acabó con todo. Llamé a los chicos y les dije que necesitaba compañía, por mi tono supieron lo que sucedió y en menos de nada, llegaron los tres a mi casa a apoyarme. Como siempre estábamos en mi sótano y me hacían bromas para hacerme sentir mejor pero no podían, todo era negro para mí. Tenía tantas ganas de morirme en ese momento. Mickey sugirió una idea grandiosa, beber y entonces agarré una de las botellas de whisky de papá sin que se diera cuenta, bebimos. Me llegó un mensaje de Marcelo, decía estupideces, que me iba a demandar porque él y su novia, estaban hartos de mis mensajes, que eso era acoso y que, además, era delito. No le pres
EnamoradoEsta era la última semana de clases del semestre, nos esperaban dos preciosos meses de descanso y luego retomamos las clases en agosto. No sé qué hicieron Marcelo y Sara, pero de alguna forma bloquearon mis mensajes, ya no podía amenazarlos, eso me hizo sentirme muy triste, pero luego esto se tornó en ira así que cambié de número y Bill retomó el control de ellos.Las cosas estaban andando muy bien y eso me preocupaba, no todo suele salirme tan bien, normalmente pasa algo muy malo después. Mickey y Santiago formalizaron una relación pública, no iba a ser fácil para ellos, pero iban a intentarlo, se les notaba lo enganchados que estaban. Fue fácil acostumbrarnos a verlos juntos, se veían felices y como Mickey es el espíritu del grupo, nos contagiaba su alegría.Aunque sus comentarios morbosos nunca cesaron. Caminaban po
Nuevos romances de mis amigos.Estuvimos ahí solo por dos horas porque ya era bastante tarde y teníamos que madrugar al día siguiente. Esa noche fue muy especial, en todos los sentidos posibles. Sentía que había hecho un gran avance, porque ella, me sonreía más seguido y hasta me hacía bromas y me devolvía tímidamente los abrazos que le di esa noche.Quise besarla, pero me dio mucho pánico hacerlo y también porque era muy probable que la espantara sí lo hacía. Aunque al parecer se veía muy cómoda estando conmigo y esa noche me pregunté si Mía era feliz o no, no lo sabía, pero por mi lado, yo haría que lo fuera, yo jamás la lastimaría ni la haría sentir mal. Creo que ese era mi nuevo propósito, hacer feliz a mía, lo más que sea posible.Luego la llevé a su casa y odi
Momentos que siempre recordaremos.La noche siguiente mis amigos y yo, acampamos en un parque estilo bosque muy lejos de nuestras casas. Sé que suena bastante homosexual que cuatro chicos solos se vayan a un lugar retirado, pero cada uno durmió en una tienda diferente, lo hicimos con el fin de pasar un rato en un lugar agradable y poder hacer bromas y beber. Yo deseaba que nos aparecieran los caníbales de camino equivocado, pero me decepcionó no ver ni a medio caníbal esa noche, maldición. Habría sido absolutamente genial.Martín y Santiago hicieron una fogata en medio de las cuatro carpas, estas formaban un cuadrado. Jugamos a la ouija y fue bastante espeluznante por la brisa y ruidos del parque. Quise invocar al espíritu de la cosa, pero no lo pudimos lograr.Nos reímos bastante esa noche, la pasamos genial debo admitirlo, pero no pude sacar a Mía de mi mente ni por u
Mi día de gloria, ¡Oh sí perras!Suspendieron 21 días a los otakus y les pusieron matricula condicional, eso me hizo sentir un poco mejor, aunque ellos estaban orgullosos y ¡hasta dos de ellos consiguieron novia! Las dos son del equipo de porristas y, por ende, son guapísimas.Les mejoré las vidas… eso sí que no era parte del plan. Y yo que quería que siguieran en la miseria, a veces me doy cuenta de lo mezquino que puedo llegar a ser, soy horrible y miserable, y lo peor de todo, es que estaba consciente de ese hecho.Algo estaba raro esa semana, todo estaba bien con mis amigos, pero… ya nunca veía a Mía con Raúl, anhelaba que hubiesen terminado y sí es así, lo celebraré con todo lo que tengo.Me retractaré del conjuro que le hacía al tremebundo. Bueno, esto no es cierto, o tal vez sí.Puede que no le gust
Último capítulo