La confesión de Demian quedó suspendida en el aire de la terraza privada, mezclándose con las notas lejanas del piano.Contemplé en silencio a aquel titán de los negocios, al hombre que no parecía temerle a ningún tribunal ni a ningún adversario, sentado frente a mí con una vulnerabilidad que parecía completamente ajena a su naturaleza.Sus ojos azules, normalmente fríos e impenetrables, delataban una inseguridad que no había visto antes.Y, por alguna razón, aquello me provocó un cortocircuito emocional.Conocía perfectamente la historia detrás de su apellido. Demian pertenecía a un antiguo linaje aristocrático, rodeado de herencias, castillos, influencia política y una fortuna capaz de hacer temblar a más de uno.Sin embargo, allí, bajo la luz de las velas, comprendí una verdad absoluta.A mí no me gustaba su lado principesco.No quería un novio de campus que apareciera con flores ni un caballero correcto que me invitara a tomar café.Lo que me había vuelto loca en París era precisa
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