La mañana siguiente al hackeo de las calificaciones, el ambiente en el Auditorio Principal de la Facultad de Derecho se sentía denso, cargado de una tensión que nadie se atrevía a mencionar.
Me senté en mi lugar habitual, acomodándome las gafas de lectura antes de abrir la computadora portátil. Fingí una calma que estaba muy lejos de sentir.
Entonces, las puertas del auditorio se abrieron.
El doctor Demian Cross entró luciendo tan impecable y peligroso como siempre, enfundado en su sastre gris