Llegué a mi habitación de la residencia estudiantil con la respiración todavía truncada y el pulso galopando desbocado contra mis costillas. Cerré la puerta de golpe, apoyando la espalda contra la madera fría mientras me deslizaba lentamente hasta el suelo, abrazando mis rodillas. Mis muñecas seguían calientes por el recuerdo de su agarre de hierro sobre mi cabeza, y mi cuerpo entero continuaba encendido, vibrando en la zona donde Damian se había restregado contra mí con esa posesividad tan cr