Me sentí tonta por dudar hace unos segundos. Sí, puede ser que vivir con Maximilian represente un desafío para mí, pero nada se comparaba con regresar a la prisión de Theodore. A la prisión del hombre que no solo se robó mis piernas, sino también mi dignidad. Me desviví por él para que me aceptara, para al menos poder conseguir estabilidad y formar un hogar, le dediqué dos años de mi vida a nuestro matrimonio, pero ya no pensaba seguir desperdiciando mi vida a su lado. —¡Estás mintiendo! ¡Eres una maldita mentirosa! —Rugió desde el fondo de su pecho—. ¡Yo lo vi! ¡Lo vi por las cámaras como te sacaba!—Si lo viste por las cámaras, seguro que se lo enseñaste a los oficiales, ¿no? —Una sonrisa se dibujó en mi rostro, sintiendo un gramo de poder después de dos años siendo pisoteada—. O, ¿hay alguna razón por la que no quieras enseñarle a los oficiales las condiciones en las que salí de la mansión, amado esposo? Según tu, yo estaba en mi cama, bien cuidada y feliz. Lo miré fijamente, re
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