Elena le puso una cebolla en la mano y se volvió para mirar la olla en la estufa.—Déjalo ya. No estoy pensando en eso. No me busques pareja. Ahora me importa crecer en mi trabajo. Con dinero, hombres no me van a faltar.Diana la siguió de inmediato, con voz mimosa:—Anda, dime. Si los dos cayeran al río, ¿a quién salvarías?—A ninguno. Que se ahoguen los dos.Diana se apoyó en la barra y la miró, sonriente.—A mí Pablo me parece muy buen hombre. Mientras estuviste en el hospital, estuvo al pendiente de todo y fue a verte puntualmente todos los días. Patricia te trata muy bien y en su familia se llevan de maravilla. Además, no tendrías problemas para llevarte bien con su mamá.Elena sonrió sin ganas.—Muchas gracias. Si tienes tanto tiempo, mejor piensa en tu vida amorosa.Como no consiguió que siguiera la conversación, Diana torció la boca y volvió a pelar la cebolla.Sonó el timbre. Elena se limpió las manos, pensando que quizá habían llegado Julián o Patricia.Al abrir, se encontró
Leer más