Solo entonces Adrián miró a Elena. Su expresión no cambió, como si le estuvieran presentando a alguien en una cena cualquiera.—Señorita Elena, mucho gusto.Fue atento y educado.Elena miró la mano que le ofrecía y no se movió. Todos estaban pendientes de su reacción.Si no seguía el juego, haría quedar mal a Renata.Además, Adrián se mostraba tan tranquilo que parecería que era ella quien quería causar problemas.Lo pensó dos segundos y terminó estrechándole la mano.—Hola.Su voz no fue fría, pero tampoco cálida.Cuando sus manos se tocaron, Elena sintió que los dedos de Adrián temblaban ligeramente. Él le tomó la mano y, cuando ella intentó retirarla, la apretó un poco más. Elena lo miró, molesta, y entonces él la soltó.Pablo no había dejado de observarlo. Había visto cada gesto y cada movimiento.—La empresa de Adrián y el taller de Elena no tienen mucho en común, ¿verdad?Patricia se sorprendió y lo miró.—¿Se conocen?Pablo miró a Adrián con una sonrisa.—No. Solo sé quién e
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