—¿Que ya saben qué? —pregunté —. ¿De qué demonios estás hablando, papá?Mi padre apoyó las palmas de las manos sobre la mesa, inclinándose hacia adelante con una severidad que cortaba el aire como una cuchilla.—Sabemos que el mismo día que trajiste a Zoe a esta casa para presentárnosla, te besaste con Zara en el jardín —confesó, con una decepción tan pesada en la voz que pareció hacer retumbar todo el comedor—. Estamos profundamente decepcionados de ti, Alexander. Tu madre y yo no te educamos para que jugaras así con las personas, ni para que usaras a una muchacha honesta como escudo mientras sigues arrastrándote por tu ex.Sentí que el rostro se me desencajaba por completo. Una palidez helada me invadió las mejillas y, en un microsegundo, mi mirada furiosa voló directamente hacia la cabecera opuesta.—Fuiste tú... —mascullé con los dientes apretados, sintiendo cómo los ojos me echaban chispas de pura rabia—. ¡Eres un maldito entrometido, Christopher!Christopher, acomodándose la cha
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