El sol del sábado brillaba con una intensidad preciosa, tiñendo las copas de los árboles del parque central de un verde brillante y dorado. El plan estaba en marcha, pero si alguien nos miraba en ese momento, habría jurado que éramos la viva imagen de la felicidad. Alexander llevaba unos jeans oscuros y una playera polo blanca que hacía resaltar su piel bronceada y sus hombros atléticos; se veía tan relajado, tan informal y tan endemoniadamente atractivo que costaba creer que fuera el mismo tib