Estábamos a tan solo un suspiro de distancia. El calor de su pulgar seguía encendiendo mi labio inferior y sus ojos devoraban los míos, prometiendo un beso que iba a borrarme el apellido. El espacio entre nosotros se redujo a milímetros, mis ojos se cerraron por puro instinto esperando el impacto...
Y entonces, la puerta del despacho se abrió de golpe.
—¡Alexander, necesito que firmes el reporte de...! —La voz de Priscila se cortó en seco.
Abrí los ojos de golpe y me aparté de Alexander como si