Apoyado contra la puerta de mi deportivo, ajusté los puños de mi traje. Me había quitado la corbata y desabotonado los primeros botones de la camisa en un intento vano de aflojar la tensión que llevaba acumulando todo el día, pero nada parecía funcionar. Hasta que la vi bajar las escaleras del portal de su edificio.
Se me cortó la respiración de golpe. El tiempo pareció detenerse mientras mis ojos la recorrían despacio, fascinados, descendiendo desde el recogido desenfadado de su cabello carame