Al llegar a la mansión acompañado de Matteo, Lia sonrió. Era exactamente tal como la recordaba. Giorgio también sonrió. En aquella mansión habían jugado cuando eran niños y se habían enamorado cuando eran adolescentes. Giovanni tenía una casa justo al lado, por lo que pasaban cada verano juntos. Lidia y Amaranta eran mejores amigas, y eso permitió que Giorgio y Lia se conocieran mucho mejor. Tenían un árbol favorito, donde se dieron su primer beso y al que siempre llegaban luciérnagas. De ahí había nacido aquel apodo que solo él utilizaba para llamarla.Giorgio dejó a Lia en su antigua habitación y él tomó la que estaba justo al lado.—Descansa. Si necesitas algo, solo envíame un mensaje. Vendré de inmediato.—Gracias, Giorgio. No sé cómo agradecer todo lo que has hecho por mí.Él le dedicó una pequeña sonrisa.—Eres mi esposa. Es mi deber. Es posible que esta noche deba salir a resolver un asunto, pero estaré de regreso, a más tardar, a medianoche.—Está bien. Me quedaré con papá.Gio
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