El salón volvió a quedar en silencio cuando el presentador levantó una nueva tarjeta.—Damas y caballeros, continuaremos con una obra muy especial, como les dije, donada por el Don Leonardo Romano.Justo en ese momento, Matteo Rosseti entró al salón. Varias personas se levantaron para saludarlo con respeto mientras él respondía con una leve inclinación de cabeza. Caminó directamente hasta la mesa de los Bellamonte y tomó asiento junto a su hija.—Espero no haber llegado tarde.—Llegó justo a tiempo —respondió Giorgio con una ligera sonrisa.Lia sonrió al ver a su padre.—Pensé que no vendrías.—No me perdería una noche como esta, sabes que adoro las subastas.En el escenario, cuatro asistentes retiraron lentamente el enorme paño de terciopelo negro que cubría la pintura.—No puede ser... —susurró Lia.A varios metros de ellos, Elian Santana sintió que el color abandonaba su rostro.Conocía aquella pintura, la conocía demasiado bien, no era una obra cualquiera, era la primera pintura q
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