—De verdad lo siento por haberme desaparecido, Lucía. A partir de ahora, no cargues con tus problemas sola. Si hay algo, cuéntamelo, ¿vale? Ya prometimos que cuidaríamos este lugar para siempre —Rafael la miró con seriedad, cubriendo los dedos de Lucía con la calidez de su mano sobre la mesa. Aunque su corazón seguía agitado, la presencia de Rafael pareció barrer gran parte de la confusión en la mente de Lucía. Había una sensación de consuelo en esta conexión sincera, libre de pretensiones y motivos ocultos. Rafael no la miraba con las expectativas de un rol, como Mateo o el público, sino como Lucía Vega, su amiga de la infancia. Eso la tranquilizaba.Después de que la atmósfera se suavizó, Lucía tomó su turno, contando cómo empezó a ser influencer de belleza, pero, por supuesto, evitó inteligentemente cualquier detalle que pudiera llevar al tema del matrimonio por contrato. Se centró en sus luchas y su visión.—¿Quién iba a decir que la niña sucia que solía robarle limones al señor P
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