El sol se había hundido hace tiempo tras el horizonte de Madrid cuando Lucía finalmente salió de su nueva habitación en la segunda planta. Tras pasar horas ajustando el trípode, alineando el aro de luz, colocando el portátil en un ángulo simétrico y reorganizando su calendario de contenido de maquillaje y cuidado de la piel, tenía todas las articulaciones entumecidas. Sin embargo, esa era la dedicación tras bambalinas que debía asumir como beauty influencer.A pesar del cansancio, sentía un cálido estallido de satisfacción en su pecho. Su miniestudio y espacio de trabajo ya estaban listos. Al menos, en esta casa ajena y excesivamente ostentosa, había logrado asegurar un espacio que era absolutamente suyo, un bastión donde podía seguir siendo Lucía Vega, la mujer independiente, y no solo un accesorio para mejorar la reputación de un futbolista.Con pasos cansados, Lucía recorrió el largo pasillo de madera hacia el dormitorio principal. Su mente ya estaba lejos, imaginando lo placentero
Leer más