La moto frenó de golpe frente al ostentoso restaurante L’Étoile d’Or. Bianca bajó de un salto, respirando desbocada, con el pecho agitado y el peinado arruinado por el viento.Temblaba de rabia y de pánico, acomodándose la ropa con manos frenéticas mientras la adrenalina le quemaba la sangre.—¡Eres un salvaje, un completo animal! —escupió Bianca, clavándole una mirada cargada de odio puro.Nico apago el motor, se quitó el casco y la miró con una sonrisa burlona que lentamente se transformó en una mueca de fastidio.—Bueno... ya, no te mueras. Lo siento, ¿sí? Vamos, entra de una vez —soltó él, pasándole por al lado sin la menor delicadeza.Entraron al lujoso lugar. El contraste entre la elegancia del salón y la furia contenida de Bianca era evidente. Se acomodaron en una mesa privada y Bianca, respirando hondo para recuperar la compostura, lo fijó con una mirada fría y calculadora.—Dime algo, Nico... ¿amas mucho esa moto? —preguntó ella, modulando la voz con una calma peligrosa.Nico
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