La noche de la cena formal organizada por Mein Ling finalmente llegó. Se suponía que era una reunión familiar rutinaria, obligatoria como todas las demás.Absolutamente nadie en la mesa —ni Arrieta, ni Wei, ni Zhang, ni Elizabeth, ni Cassandra, ni Marco, ni Alessia, ni Thiago, ni Alessandro, ni Damián, ni Luciana, ni Bianca, y mucho menos Yang o el propio Larius— tenía la más remota idea de la jugada que Mein había calculado fríamente a sus espaldas.Todos ocupaban sus lugares en la larguísima y ostentosa mesa del comedor principal, presidida por Mein. A espaldas de Yang, de pie junto a las cortinas con sus portes imponentes y la mirada seria, se encontraban Larius y su padre, Marco, cumpliendo con su riguroso deber de guardaespaldas e ignorando por completo la tempestad que estaba a punto de estallar sobre sus cabezas.La puerta doble del comedor se abrió de par en par y Mein sonrió con un triunfo amargo y soberbio. Entró del brazo de un joven apuesto, vestido con un traje impecable d
Leer más