Elion la miró con los ojos encendidos en una furia hirviente. La impotencia de verse atado le quemaba la sangre, pero su voz no perdió un solo ápice de la autoridad que lo caracterizaba como un Don.—¿Estás completamente loca? —escupió, con la mandíbula tan apretada que las venas de su cuello se marcaban sobre la piel—. ¿Tienes la menor idea de lo que estás haciendo y a quién te estás enfrentando? Te juro por mi vida que esto lo vas a pagar muy, muy caro.Serena ladeó la cabeza. Lejos de amedrentarse, una sonrisa cruel y victoriosa se dibujó en sus labios. Sin prisa, con una calma que resultaba escalofriante, se acercó al lecho y se posicionó sobre él, dominando cada pulgada de su cuerpo retenido. Lo miró desde arriba con ojos cargados de una devoción enferma y desafiante.Se inclinó despacio hasta que su aliento cálido rozó la piel de Elion. Selló sus labios sobre los de él en un beso amargo, invasivo y cargado de posesión, saboreándolo con lentitud antes de separarse apenas unos cent
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