Elion la miró con los ojos encendidos en una furia hirviente. La impotencia de verse atado le quemaba la sangre, pero su voz no perdió un solo ápice de la autoridad que lo caracterizaba como un Don.
—¿Estás completamente loca? —escupió, con la mandíbula tan apretada que las venas de su cuello se marcaban sobre la piel—. ¿Tienes la menor idea de lo que estás haciendo y a quién te estás enfrentando? Te juro por mi vida que esto lo vas a pagar muy, muy caro.
Serena ladeó la cabeza. Lejos de amedren