—¡Déjame ir, ahora mismo! ¡Te odio, Elion!
La voz de Serena resonó por toda la habitación, cargada de rabia, desesperación y un miedo que intentaba ocultar detrás de cada palabra.
Elion permaneció inmóvil frente a ella.
La observó durante varios segundos sin responder.
Serena tenía los ojos llenos de lágrimas, el cabello desordenado
—¡¿Me escuchaste?! —gritó nuevamente—. ¡Quiero irme! ¡Quiero a mi hijo!
Elion bajó la mirada.
Entonces caminó hasta la cuna.
Serena sintió que el corazón se le deten