Capítulo 12 —No quiero una actrizApenas la puerta se cerró detrás del empleado, ella giró.Caminó hacia Mauro sin pensar demasiado. Cada paso le salió de la rabia, de la vergüenza, del sabor que todavía tenía en la boca.Él apenas alcanzó a mirarla antes de que la bofetada resonara en la estancia.El golpe dejó un silencio limpio.Vera se quedó con la mano suspendida, respirando fuerte, sorprendida por el sonido, por el ardor en la palma, por la marca roja que empezó a subir en el rostro de Mauro.—No vuelvas a besarme —dijo.La voz le tembló apenas, no de miedo todavía, sino de la fuerza con la que estaba conteniéndose para no decir algo más.Mauro no se movió al principio. Eso fue lo que la asustó. No el golpe, no su reacción inmediata, porque no hubo una. Fue la quietud. Esa calma suya volviéndose más fría, más profunda, como agua oscura cerrándose sobre algo. Sus ojos se clavaron en ella, y Vera sintió que todo el valor que había usado para abofetearlo empezaba a resquebrajarse.D
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