Capítulo 16 —Sabía las reglas
No sabía qué hacer con esa lógica. Era retorcida, pero coherente en su propio código. Mauro podía comprarla, obligarla a casarse, imponerle un apellido y un lugar en su mundo. Pero no le cobraría una muerte que ella no había pedido. Como si dentro de todo lo torcido hubiera reglas, líneas, principios absurdos, pero reales.
—No puedo creer que hayas matado a un hombre solo por mí —murmuró.
Mauro no desvió la mirada.
—Créelo.
—Algún otro motivo tiene que haber.
—No.
—