Capítulo 17 —La mujer equivocada
Mauro no pudo dormir. Permaneció un largo rato en la oscuridad, acostado de espaldas, con los ojos abiertos y la mandíbula tensa. La suite estaba en silencio, apenas atravesada por el rumor lejano de París, pero dentro de él no había calma. La sangre de Lucien ya no estaba en sus manos, ni en su camisa, ni en la piel de Vera. El agua se la había llevado. Pero el cuerpo de Mauro seguía recordando la violencia como si acabara de ocurrir.
No era culpa. La culpa era