Estefanía se desperezó despacio sobre las sábanas, sintiendo el cuerpo liviano, casi extraño. Hacía meses, quizás años, que no lograba dormir corrido toda una noche.Estiró el brazo hacia la mesa de noche para tomar el teléfono y verificar la hora. Al encender la pantalla, un sinfín de notificaciones llegaron al instante. Decenas de llamadas perdidas en WhatsApp y un hilo interminable de mensajes.La gran mayoría llevaba el nombre de Javier; solo dos eran de Cristian, breves y cortantes: «¿Dónde estás?», «Responde»Ignoró las preguntas de su marido y marcó directamente el número de su hermano.—¿Cómo se te ocurre apagar el teléfono, Estefanía? —reclamó Javier sin siquiera saludar—. Estuve toda la noche intentando comunicarme. ¿En qué estabas pensando?Estefanía se incorporó en la cama, sintiendo un poco de temor ante el tono brusco del muchacho.—Javier, calma. Solo quería evitar que Cristian me rastreara. Es todo.—Estefanía, ¿y si me hubiera pasado algo? ¿Y si hubiese tenido una eme
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