Posiblemente nunca se acostumbraría a estar en este tipo de lugares. Estefanía miró a su alrededor: copas que tintineaban al ser chocadas, música suave de fondo, risas apagadas y una asfixiante y poco disimulada atención. Luego del reciente éxito en la carrera de su esposo, acudir a este tipo de eventos era la norma. Sin embargo, seguía costándole estar rodeada de este tipo de ambiente. Disimuladamente alisó la falda de su vestido. No esperaba que tan pronto ya estuviera usando la prenda que había mandado confeccionar Eleonor para ella en Italia, pero era perfecta para la ocasión. La seda en tono esmeralda se ceñía a su cuerpo con elegancia, como si fuera una obra de arte, justo como lo prometían los finos bordados hechos a mano. Se sentía hermosa. Pero, sobre todo, se sentía vista. Aunque si había alguien con quien rivalizar en atención, ese era precisamente Cristian, a quien todos miraban con admiración mal disimulada. Cada mirada en el recinto parecía gravitar hacia él. El
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