SEBASTEN—Piénsalo bien —me dijo, acortando la distancia para apoyar la mano libre sobre mi pecho, sintiendo el latido acelerado y pesado de mi corazón—. No te estoy pidiendo que me entregues sin protección. Si estoy bien custodiada, si tú y tu guardia arman el perímetro perfecto, no habrá margen de error. Tus hombres son implacables, Sebasten. Tú eres implacable. Sé que no vas a dejar que me pase nada.—Un solo fallo táctico, un solo francotirador que no veamos a tiempo, Aurora, y te pierdo —respondí en un susurro áspero, tomándola de la barbilla con brusquedad contenida—. No me pidas que juegue a la ruleta rusa con tu vida.—¡Es que no quiero seguir viviendo así! —soltó, dejando de lado la calma y dejando ver la desesperación que llevaba acumulada en el pecho—. No quiero despertar a mitad de la noche revisando si las puertas están cerradas. No quiero ver a mis padres con miedo de regresar a su casa, ni criar a Christopher sabiendo que hay una rata rondando por las fronteras esperand
Leer más