SEBASTENMe pongo de pie despacio, bloqueando a Aurora por completo tras de mí. Mi cuerpo se tensa con el instinto de caza afilado, listo para destrozarle el cuello a este imbécil si da medio paso en falso. La ira de un Alfa me quema las venas, pero mantengo la voz en una frecuencia sorda, sepulcral, helada.—Baja el arma, Alfred —le ordeno, mirándolo fijamente a los ojos sin parpadear.A Alfred le tiemblan las manos de una forma patética. Apunta hacia mi pecho, pero la pistola oscila en el aire. Tiene la cara demacrada, sudorosa, el rostro marcado por un pánico irracional.—¡Tú me vendiste, Sebasten! —grita fuera de sí, con la voz quebrada por la desesperación—. ¡Dijiste que si hacía lo que querías mi familia estaría a salvo! ¡Llegué a mi casa y estaba destrozada! ¡Fayir lo supo todo! ¡Se dio cuenta de que lo estaba engañando y le quebró el brazo a mi esposa!Las gemelas y mi padre no se mueven, pero huelo la tensión en la sala. Mi madre observa la escena con los ojos entornados, ana
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