AURORA.La aparición de Gabriella al final del pasillo es la salvación que necesito para volver a respirar.—Señores, bienvenidos. Pasen al comedor, por favor. La cena ya está servida —anuncia con voz clara. Antes de retirarse, me lanza una mirada rápida.Siento el apretón suave de Sebasten en mi cintura, Se inclina levemente y me habla al oído, con ese registro más bajo y sordo que me eriza la piel:—Lo hiciste perfecto, mujer. Ahora vamos a sentarnos y a demostrarles quién manda en este territorio.Mis nervios siguen ahí, pero la firmeza de su mano me ancla. Guiamos al grupo hacia el gran comedor, donde la mesa larga está dispuesta con elegancia. Sebasten toma la cabecera, como el Alfa indiscutible que es, y me hace sentar a su derecha, colocándome en el lugar de honor de la casa.Vladimir se sienta al otro extremo, imponente y en silencio, mientras Lenora ocupa el lugar frente a mí, manteniendo su postura rígida de aristócrata de sangre pura. Las gemelas, Vanya y Valery, se acomoda
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