70. Narra Anastasia
Apenas unos metros nos separaban, pero en ese espacio suspendido en el tiempo cabían meses de distancia, silencios forzados, lágrimas derramadas en la intimidad y la brutal revelación de un mundo corporativo que se desmoronaba por completo. No había coches de lujo aparcados con motores encendidos, ni escoltas vigilando la manzana, ni disfraces de magnate intocable. Estaba solo, soportando el viento gélido de la noche con una paciencia casi irreal.Maverick no se movió al verme llegar. Sus ojos oscuros, fijos en los míos, reflejaban una vulnerabilidad tan cruda y desarmada que me costó reconocer en ellos al hombre implacable que durante años había dictado las reglas de mi vida en MAVE. Llevaba el cabello ligeramente revuelto por el viento helado, y en su mirada no había órdenes, ni exigencias, ni ese halo de prepotencia que en el pasado me habría hecho dar la media vuelta. Solo había una espera paciente, cargada de un miedo genuino a que decidiera pronunciar la única palabra capaz de d
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