65. Narra Anastasia
El otoño avanzaba con una elegancia silenciosa, teñiendo los árboles del campus con pinceladas cobrizas y doradas que el viento de la tarde arrastraba sin prisa por los senderos de adoquines. Eran pasadas las siete y media. La gran mayoría de los entrenadores, profesores y alumnos ya habían abandonado las instalaciones, dejando el complejo deportivo envuelto en una calma casi sepulcral. En el edificio administrativo, las luces de los pasillos superiores parpadeaban con un zumbido eléctrico impe