La víspera de la boda llegó acompañada de una tarde fresca y dorada. En la residencia Castellanos, los preparativos principales habían concluido con una organización impecable. El gran jardín trasero, donde años atrás Valentina y Sebastián renovaron sus votos tras vencer las amenazas iniciales, se encontraba transformado en un altar al aire libre rodeado de arcos de flores blancas y hileras de velas dispuestas a lo largo del sendero de piedra.En el piso superior, en la biblioteca principal de la residencia, Sebastián y Mateo compartían un momento de tranquilidad a solas. Sebastián servía dos vasos de cristal con un whisky de reserva especial, observando a su hijo mayor con el orgullo sereno de un padre que contempla la culminación de su obra educativa.—Mañana asumes una de las responsabilidades más grandes que un hombre puede tener, Mateo —comenzó Sebastián, entregándole el vaso a su hijo y sentándose frente a él en un sillón de cuero—. Proteger a una esposa, construir un hogar y ga
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