El sol del norte se ocultaba tras los picos de bismuto rúnico con la lentitud de un gigante cansado, proyectando sombras alargadas y afiladas que semejaban lanzas de obsidiana sobre la llanura inferior. En la Fortaleza del Eco, el viento de la tarde arrastraba un frío seco y polvoriento que se filtraba por las saeteras de granito, agitando las capas de la Guardia de la Sombra. Branka permanecía de pie en el centro del patio de armas, con las manos apoyadas en el pomo de sus dagas gemelas, observando el lento desembarco de los últimos carros de suministro del sur. El aire en la frontera meridional no poseía la pureza helada de Colmillo de Plata; olía a azufre latente, a bismuto quemado y al resentimiento mudo de un pueblo que se sabía subyugado no por la fuerza de las espadas en campo abierto, sino por la implacable red estratégica de la Emperatriz de la Sombra.A su lado, un rastreador de la manada pura, con el pelaje de sus orejas erizado por la tensión del lazo astral, aguardaba con
Leer más