Victoria despertó con la luz tenue de París filtrándose por las cortinas.Durante unos segundos no recordó dónde estaba, pero el techo alto, la suavidad de las sábanas y el silencio elegante de la suite le devolvieron la realidad con una claridad incómoda. No estaba en su departamento ni en la mansión Montenegro. Estaba en París, dentro de una suite del Ritz, con Adrián descansando al otro lado de la puerta.Se incorporó despacio.La noche anterior había dejado la puerta entreabierta porque, aunque no quería admitirlo, le preocupaba que la fiebre volviera a subir. Esa decisión no significaba perdón ni confianza recuperada, se recordó mientras tomaba una bata y salía con cautela.Adrián estaba despierto en la sala.Se encontraba sentado junto a la ventana, vestido con ropa informal, el rostro todavía cansado, pero mucho más estable que el día anterior. Tenía una taza de café frente a él y algunos papeles cerrados a un lado, como si hubiera decidido no revisarlos.Al verla, se puso de p
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