Regina recibió a Isabel Altamirano en una de las salas privadas de la mansión, lejos del personal y de cualquier visita inesperada. Fernanda había salido a una sesión de acondicionamiento físico recomendada por el médico, y aquella ausencia les daba una oportunidad que ambas habían esperado desde que Adrián abandonó el país sin explicaciones claras.
Isabel dejó el bolso sobre sus piernas y miró hacia la puerta cerrada.
—¿Sigues sin saber dónde está Adrián?
Regina sostuvo una taza sin beber.
—Sé