—No vine porque quisiera salvar nuestro matrimonio.
—También lo sé.
—Vine porque quiero terminar esto sin un juicio.
Adrián sostuvo su mirada.
—Y yo te pedí el mes porque quiero que veas que puedo ser distinto.
—Eso no garantiza nada.
—No estoy pidiendo garantías.
Esa respuesta la hizo apartar la vista.
Porque, de nuevo, no supo cómo defenderse de un Adrián que no exigía, no reclamaba y no convertía su culpa en un arma. Era más fácil resistirse al hombre que ordenaba. Mucho más difícil resistir