El silencio después de la pregunta de Fernanda fue más incómodo que cualquier explicación.Victoria permaneció cerca de la puerta, con las manos juntas frente al bolso. No se movió. No habló. Solo miró a su hermana, que seguía recostada en la cama, débil, confundida, rodeada por todos como si cualquier palabra equivocada pudiera romper el momento.—¿Por qué te dicen Montenegro? —repitió Fernanda con voz baja.Isabel abrió la boca, pero no encontró qué decir. Ernesto bajó la mirada. Regina miró a Adrián, esperando que fuera él quien tomara el control.Adrián soltó despacio la mano de Fernanda, aunque no se apartó de su lado.—Fer, han pasado muchas cosas desde el accidente —dijo con cuidado—. No quiero que te alteres.Fernanda parpadeó lentamente.—Solo quiero entender.Victoria sintió que todos evitaban mirarla. Era su vida la que estaban a punto de explicar, pero nadie parecía dispuesto a incluirla en la conversación.Adrián respiró hondo.—Después de tu accidente, nuestras familias
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