Miré a los niños, quienes me observaban con una mezcla de tristeza y confusión. No quería que me vieran como una farsa, porque no lo soy, así que respiré profundo y continué.—Está bien, no te preocupes —dije con una calma que ni yo misma sabía que poseía—. No voy a quedarme callada ante estas difamaciones, porque mi pasado me pertenece y no tengo nada de qué avergonzarme frente a nadie.Miré a Vladimir directamente a los ojos, sin parpadear. Sentía cómo el corazón me latía con fuerza, pero mi voz salió firme, como el acero. Él esperaba que yo bajara la cabeza, que me rompiera ante sus palabras, pero no conocía el fuego que corría por mis venas.—Sí, estuve casada, y la razón del divorcio fue la traición más vil que una mujer puede sufrir —le respondí, cada palabra cargada de verdad—. En cuanto a la acusación de intento de asesinato, es una mentira fabricada por quienes querían verme destruida; si hoy estoy libre, es porque la justicia demostró mi inocencia.La sala se quedó en una qu
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