Antes de entrar la habitación, me detuve en seco y pasé mis manos por todo mi rostro con movimientos rápidos, asegurándome de borrar cualquier rastro de alguna lágrima rezagada.
No quería romper la magia de ese tierno instante que acababa de presenciar ni que descubrieran que había estado espiando su conversación privada detrás de los pesados tablones de madera. Enderecé la espalda de inmediato, dibujé la mejor de mis sonrisas en los labios y empujé la puerta por completo para entrar al cuarto c