Pov AbrilLos meses que siguieron después de mi encuentro con los gemelos y Nikolái se sintieron diferentes.No lo planifiqué. No lo busqué. Simplemente pasó, como pasan las cosas que uno no sabe cómo detener. Después de aquel día, las visitas de Sasha y Mila se volvieron parte de la semana, tan naturales como el café de las mañanas, tan esperadas como el viernes.Llegaban con Carmen de la mano, con sus mochilas llenas de juguetes y esa energía de ciclón que llenaba cualquier espacio, y Lorena los recibía como si los conociera de toda la vida.Pero algo me susurraba por lo bajo. Últimamente mi niña no quería comer, la notaba decaída, sin fuerzas; y cada vez que le preguntaba si pasaba algo, ella, con una hermosa sonrisa, me respondía que todo estaba bien, que no me preocupara, porque si yo era feliz, ella también lo sería. Mi intuición me gritaba, pero el miedo a que una oscura realidad volviera me hacía callarla.Cuando la veía jugar con los gemelos, algo en mí descansaba un poco. Y
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