El oficial abrió la puerta de la celda de interrogatorio, me dedicó una última mirada cargada de compasión inútil y salió del cuarto, dejándome sumida en la más profunda soledad. En cuanto el cerrojo volvió a caer con fuerza, mis piernas dejaron de responder y me derrumbé por completo sobre la mesa, llorando con un llanto desgarrador que brotaba desde lo más profundo de mi ser.
Mi mente no hacía otra cosa que dar vueltas alrededor de la imagen de mi pequeña Lorena, imaginándola en su cama de hos