A la mañana siguiente, Elena despertó con una certeza nueva.Daniel ya no estaba peleando solo por Sofía.Estaba peleando por su cara frente al mundo.Y eso, de alguna forma, lo volvía todavía más peligroso.La frase del cuadro seguía en su cabeza.Las mujeres rotas exponen.Anoche la había escrito en la libreta azul.La había repetido en silencio antes de dormir.Y ahora, al abrir los ojos, sintió que ya no era solo un título.Era una línea.Una frontera.Una advertencia.Sofía seguía dormida con la mejilla hundida en la almohada y la mano encima de la mochila nueva.Como si todavía necesitara comprobar, incluso en sueños, que algunas cosas podían quedarse limpias.Elena se inclinó.Le besó la frente.No la despertó.Abajo ya sonaba el café de Lucía.La casa pequeña seguía haciendo lo único que sabía hacer bien desde que ellas llegaron:resistir en lo cotidiano.En la cocina, Rodrigo ya estaba sentado con el portátil abierto.Paula revisaba un cuadro comparativo de horarios, placas p
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