HYEON Cuando sus manos llegan a mis caderas, he de admitir, que mi p*lla da un respingo. Esta situación me gusta demasiado y, como buen hombre de negocios, no la voy a dejar pasar. Cada gesto de fastidio que cruza el rostro de Adela alimenta mi diversión. —Así…muy bien—suelto cuando Adela me dedica una mirada asesina que le sale inconscientemente y del alma. Esa mirada, en vez de disgustame, hace que mi p*lla se endurezca en los pantalones de hospital, que por cierto, dejan muy poco a la imaginación. Ella baja la mirada por un instante y sus ojos se abren ligeramente al reparar en mi entrepierna. Apenas dura un segundo pero se ha dado cuenta. Vuelve a concentrarse en sus manos con una rapidez casi cómica, fingiendo que no ha visto absolutamente nada. Alzo la mano despacio y, con la yema de los dedos, aparto el mechón de cabello que se ha escapado de su coleta., pero ella ni siquiera levanta la vista. Finge que no existo—menuda patraña— y continúa concentrada en el masaje, pe
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