HYEON
Aquella mujer acababa de sorprenderme.
Cuando afirmó, con total convicción, que no dependía de nadie, sentí algo difícil de explicar.
Ella me fascinaba y todavía no entendía por qué.
Por una parte, deseaba que dependiera de mí—podría controlarla mejor—, pero, al mismo tiempo, había algo en su respuesta que despertó mi admiración.
La forma en que defendió su independencia, sin titubear, con la cabeza alta y la seguridad de quien ha construido su vida con su propio esfuerzo, me desar