ADELAEs domingo.Pero no un domingo cualquiera. Es el primero que tengo libre desde hace semanas. Es la época del año con más eventos en el hotel, así que llevo semanas encadenando jornadas de más de diez horas sin apenas darme cuenta de lo rápido que pasan los días. Y, bueno... si puedo pasar más tiempo en el hotel, mejor.Al principio no me sentía cómoda viviendo en casa del señor Kang. No era mi hogar y, desde luego, él tampoco era mi ‘novio de verdad’ aunque él pensara lo contrario.Además, convivir con ese hombre era un auténtico suplicio. Siempre encontraba una excusa para sacarme de quicio. O quizá el problema no fuera solo él. Quizá también fuera yo, que me ponía absurdamente nerviosa cada vez que se acercaba demasiado, sobre todo después de que me diera placer a mí misma con su pierna…Y es que resulta bastante complicado ignorar a un hombre insultantemente atractivo que, convencido de que eres su novia, no pierde la oportunidad de intentar besarte y que, al mismo tiempo,
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