Hyeon
Al principio la besé únicamente para provocarla, para disfrutar de su indignación. Pero sería un mentiroso si dijera que no disfruté cada segundo de aquel beso.
Y, como siempre, mi familia tenía que aparecer para arruinarme el momento.
Cuando mis tíos cruzan la puerta de la habitación, impecablemente vestidos con conjuntos Dior a juego, sé que está a punto de empezar la función que yo mismo voy a protagonizar.
Mi tía Simona —como insiste en llamarse a pesar de ser coreana— y mi tío Sang-