**AMARA**“Hubo algo entre ellos”, pensé, y el solo pensamiento de esas manos rudas y callosas recorriendo la piel de esa viuda de la alta sociedad me hizo contraer el vientre de pura rabia. La obsesión me nubló el juicio de golpe. No iba a permitir que nadie más tuviera un derecho sobre el lobo que yo misma había cazado.—El señor Vance es excelente manteniendo las distancias, Cynthia —respondí, mi voz saliendo afilada como un bisturí, clavando mis ojos felinos en la viuda—. Aunque a veces olvida que el barro no debe mezclarse con la seda de la casa principal. Pero no te preocupes, sé exactamente cómo recordarle cuál es su lugar.Cynthia soltó una risa baja, condescendiente, cruzando las piernas con una parsimonia insultante.—Ten cuidado, querida. Los hombres que vienen de los callejones de Glasgow no son mascotas de palacio. Tienen colmillos rústicos. Si juegas demasiado con la correa de un animal salvaje, terminas con las manos ensangrentadas.Giré la cabeza hacia Magnus, desafián
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