**MAGNUS**Alistair Sterling no se movió. Sus ojos de tiburón financiero se clavaron en mi rostro, fijos, calculadores, midiendo el valor de su inversión frente al escándalo público. A su lado, Amara sostenía el diamante de compromiso en su mano izquierda, balanceando las caderas con una parsimonia insultante que delataba su absoluta falta de temor. Sus pupilas verdes, dilatadas por esa fijación oscura y desquiciada, brillaron con una picardía letal que me encendió la sangre. Disfrutaba el desastre. Le electrizaba ver al monstruo de los barracones cercado por la cúpula corporativa.—Vance —la voz de mi empleador cayó como un latigazo seco, desprovisto de cualquier matiz de duda—. El señor Sinclair ha formulado un cargo de deslealtad grave en tu contra. Reporte de situación. Ahora.Di un paso al frente, mis botas pesadas haciendo un ruido sordo que cortó el murmullo de la orquesta clásica. No me incliné. No mostré la sumisión servil que la alta sociedad de Londres exigía de los hombres
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