**MAGNUS**
El picaporte giró con un chasquido sordo. La puerta se abrió.
Julian Sinclair cruzó el umbral primero, luciendo su habitual sonrisa de suficiencia corporativa, seguido por el viejo Sterling, cuyos ojos calculadores barrieron el espacio buscando de inmediato cualquier anomalía en su preciosa inversión.
—Amara, querida, tardabas demasiado —comentó Sinclair, deteniéndose a escasos centímetros de ella, su mirada descendiendo con atrevimiento hacia su cintura—. ¿Encontraste el inventario